Como resultado de esta convulsa situación, los territorios palestinos se enfrentan a importantes desafíos humanitarios entre los que destaca la necesidad continua de medidas de protección para más de dos millones de palestinos (alrededor del 40 por ciento de la población) que experimentan o están en riesgo de experimentar conflictos y violencia, desplazamiento forzado y negación de acceso a medios dignos de vida. además de enfrentarse a niveles arraigados de inseguridad alimentaria, provocados por altos niveles de pobreza y desempleo y al acceso inadecuado a servicios esenciales para los hogares más vulnerables. Todo esto provoca que la capacidad de los hogares vulnerables para hacer frente a la naturaleza prolongada de esta crisis humanitaria sea cada vez más limitada.
El índice de pobreza en palestina es del 27,3 % y prácticamente el 50% de la población depende de la ayuda para sobrevivir.
El principal obstáculo para el desarrollo económico es la ocupación militar de Israel y las limitaciones que impone sobre el acceso a la tierra y los recursos naturales, especialmente en área c, que representa más del 60 por ciento del territorio de Cisjordania. Además de la falta de acceso a los recursos, la ocupación israelí impone un sistema de restricciones administrativas, burocráticas y físicas (checkpoints, muro de separación, etc.) que impide la libre movilidad de la población, y la construcción de viviendas e infraestructuras para una población en continuo aumento.
Esta situación afecta también a Jerusalén Este con el agravante de que la población palestina de la ciudad no tiene acceso a los servicios básicos de la Autoridad Palestina y depende de los servicios israelíes que como ha denunciado numerosas veces la asociación de derechos civiles en Israel (ACRI), no son proporcionales al número de habitantes de Jerusalén Este, que viven una clara discriminación con respecto a sus vecinos de la zona occidental en lo que concierne al acceso a la educación, la salud, los servicios sociales, etc. Como ejemplo, en 2021 solo el 44% de las familias palestinas de la ciudad estaban conectadas a la red de agua oficial.
El 45% de la población de Jerusalén vivía por debajo del umbral de la pobreza en 2019 (antes de la crisis del COVID-19). Pero mientras la pobreza afectaba al 72% de las familias palestinas, solo afectaba al 26% de la población judía. Según ACRI, el 81% de los niños palestinos de Jerusalén vivían en 2019 por debajo del umbral de la pobreza frente al 36% de los niños judíos.
En 2020, el nivel de vida en Israel, en general, cayó debido a la crisis del COVID-19. Esta realidad tuvo un profundo impacto en Jerusalén, que tiene una de las tasas de pobreza más altas del país. El estallido de la pandemia de COVID-19 provocó un fuerte aumento del desempleo entre los residentes de Jerusalén Este. En 2019, aproximadamente el 79% de los hombres palestinos y el 23% de las mujeres palestinas en Jerusalén Este participaron en el mercado laboral. En el transcurso de 2020, aproximadamente un tercio de los residentes de Jerusalén Este empleados perdieron sus trabajos. Mientras tanto, más de la mitad de los nuevos buscadores de empleo entre esta población tenían entre 18 y 25 años. Estos datos no solo nos señalan el problema de pobreza y precariedad general de la población palestina de Jerusalén, sino que remarcan muy claramente la desigualdad de género en el acceso al empleo. La falta de ingresos propios influye en la falta objetiva de libertad en la toma de decisiones de mujeres y niñas sobre sus propias vidas, siendo el matrimonio infantil la consecuencia más extrema.